jueves, 25 de octubre de 2012

Relato familiar (cuento)

Autor: Luis Fernando Arredondo Gómez



    [Texto  elaborado en Envigado en el segundo semestre de 2002, para el Taller de Redacción Periodística de La Universidad de Antioquia, dictado por el maestro en literatura colombiana, Andrés Vergara. Ese año continué estos estudios después de tres años de haberlos suspendido.]




Abril de 2002





    “Me enloquece el ambiente de esta casa: cuando no es que al tipo ese le da por poner su música a todo taco, son las discusiones iniciadas por esa bruja de Miriam. En ambos casos todo acaba con objetos rotos, botellas, vidrios de ventanas, platos estrellados contra la pared. Sus gritos terminarán por perforarme las orejas. Luego, cuando todo acaba, no me dejan dormir con los jadeos de su absurda reconciliación. ¡Ya no soporto la vida marital de esos tontos!... "
 

    "¡Y qué decir de las excentricidades del mocoso de Raúl!: hoy por ejemplo me dejo en el parque toda la mañana, y con ese sol que hizo... Estoy esperando que llegue con mi almuerzo. Ojalá no sea de los sobrados que encuentra en la nevera, tostados por el frío...¡Qué difícil es masticar esa ‘papilla’! ¡Ya no soy un niño!... nunca lo he sido.”
 






    Cuando Rober, el bullterrier, llegó a casa de los González, todo el pueblo se burló de Fabián por haberle regalado a su mujer un “marrano con collar”. “¡De dónde habrá sacado a ese chandoso este bobo!”, criticaba una vecina. Otra agregaba: “No sólo siembra árboles a diestra y siniestra, sino que se dedicó a coleccionar rarezas. ¡Que perro tan feo!” Y otra concluía: “Mija, lo que pasa es que cuando al hombre se le atrancan los polvos, se vuelve loco.” La hilaridad desatada frente a la casa de los González inundaba la calle.
 

    “¡Raúl! ¡Raúl!... ¡Raaauuuuuuúl! ¡Maldito mocoso!”, gritó Miriam, quien con igual tono preguntó a su esposo por el paradero del niño. Fabián le contesto que lo había mandado a recoger su machete donde su compadre. La mujer siguió gruñendo: “¡Ya estoy mamada de cuidar esa cochinada de perro! ¡Tengo suficiente trabajo con ustedes, como para estar pendiente de animales! ¡Lo trajiste, pero ni una vez lo has bañado o recogido sus mierdas! ¡Yo no sé que vas a hacer con él, pero estoy mamada! ¡Llévatelo de aquí, mátalo, o has lo que quieras, pero no quiero verlo más!”  

 






    El hombre, recostado sobre la cama y “acostumbrado” a las escenas de su esposa, sólo atinó a meter la cabeza entre la almohada. El viejo perro y el niño, que escucharon el alboroto mientras regresaban, esperaron atentos el desenlace de la trifulca. Un largo silencio fue paulatinamente seguido por el tímido gorjeo de unos pajaritos apostados en el árbol del patio. No hubo más gritos. Raúl miró con ternura y compasión los ojos del viejo Rober, y resolvió enterrar el machete de su padre junto a la estancia de las aves.


lunes, 1 de octubre de 2012

La cosa (cuento)

Autor: Luis Fernando Arredondo Gómez



 

    [Cuento hecho en Envigado en el segundo semestre del año 2002 para el Taller de Redacción Periodística de la Universidad de Antioquia, dictado por el maestro en literatura colombiana Andrés Vergara. El tema no es nada original y está inspirado en la película norteamericana The Blob (1958), protagonizada por Steve McQueen. En español el título de la película fue La Mancha Voraz o La Masa Devoradora. Yo vi completa la película hace un mes (junio de 2016), pero cuando escribí el texto sólo recordaba la imagen del mounstro que vi siendo niño en el Teatro Colombia de Envigado, cuando contaba unos 12 años aproximadamente. Esta edad la he precisado por la alusión en el cuento al desastre de Armero (1985). También hay un vínculo con el origen de los homoluncos, descritó por Humberto Eco en su Péndulo de Foucault.  El contenido de este cuento cotejado con la película, es una prueba de la realidad del inconsciente y de las propiedades que le atribuye la psicología. Título inicial: El ser.]
 
 
 
UNAULA (Medellín),  5 de abril de 2002.



 
  
    En cada lugar seco de la Tierra sobre el cual dos amantes heterosexuales tejen un orgasmo, surge cerca, en un húmedo y selecto paraje, una semilla gaseosa que del cuerpo femenino cae a tierra, y que es independiente de la otra concepción. 
 
 
    Transcurridos 10 días desde tal suceso y sin que un rayo de sol se pose en aquel sitio, alcanza aquella minúscula bola el tamaño y la forma de un trombón de tono marrón. Y aún con su imponencia, visible sólo se presenta al perro o perrillo que orina justo en el rincón. No antes ni después. 
 
 
 
    Si la suerte del pobre animal es poca, generalmente en tres patas ninguno de ellos es veloz, termina engullido por el malvado gas. Pasado el tiempo necesario para que aquella cosa atrape y trague a otros 50, al punto ya ha alcanzado el tamaño de un camión. 
 
 
    Una vez ha culminado tan dura digestión, de improviso estalla produciendo un calor tan arduo que logra derretir un nevado, un temblor tan potente que puede activar un volcán, y expele un olor tan asqueroso que los átomos de azufre repelen su contacto.
 
 
 
 
    El ser del que hablo es real. Si no me creen, pregúntenle a los sobrevivientes de Armero por aquella terrible carcajada.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Amantes de la luna (crónica)

Autor: Luis Fernando Arredondo Gómez

 

     [Relato de no ficción relativo al asesinato de Luz Adriana Arambure, estudiante de la Universidad de Antioquia. Fue escrito en Envigado en el segundo semestre de 2002 para el Taller de Redacción Periodística de dicha institución, a partir de una propuesta de clase del profesor Andrés Vergara. Aquel año continué los estudios de Comunicación Social después  de haberlos suspendido durante tres años.] 
 
 
 
 

Abril de 2002

 
Para mi luna que no entiende
por qué no estoy sentada
 en el lugar de siempre.”
Luz Adriana Arambure
(1978-2000)
 
 
 
 
 
     Fue el cariño de madre –ese palpitar en el pecho que sintoniza los pensamientos de ella con las vivencias de sus hijos-, o la intuición femenina, o el sentido común, o el destino, o el llamado de la sangre, o lo que fuera, aquello que llevó a doña Nubia y a su esposo ante el cuerpo inerte y lacerado de Luz Adriana Arambure. Anegado en un pantano de sangre, deformado por la sinrazón del mal, desnudo, con una horrible mueca de dolor en lo que quedaba del rostro, en un lote baldío ubicado entre Guayabal y Belén, fue encontrado el cadáver de la joven.
 
  
     ¿Quién o qué desvió a la muchacha de su camino a casa? ¿Qué hechos ocurrieron entre el momento en que su novio la acompañó a uno de los paraderos de buses frente a la Universidad de Antioquia, y el momento de su muerte? Lo primero ocurrió aproximadamente a las ocho de la noche de tan nefasto día. La luna estaba esplendorosa. Seguramente fue ésta la que sedujo a la muchacha, como siempre, y la condujo por senderos prohibidos hasta su  triste desenlace. Las decenas de fotografías, pinturas y poemas dedicados a esa “carita blanca” y apilados en el cuarto de Luz Adriana, atestiguan el amor que por ella sentía.

 
     En el mismo momento y lugar, pero en un mundo opuesto al de aquella luminosa estudiante de biología, otro amante de la luna acechaba en la noche a alguna víctima: un sicópata al que las caricias de aquella fría dama sumergían en el éxtasis de la insania, donde las imágenes son calientes y el tacto ansía la sangre, el orgasmo... La luna fatalmente los había unido: a ella adormeciéndola con su embrujo y con las melodías de algunos insectos noctámbulos, y a él poniéndolo presto, cual fiera azuzada, para arrojarse varilla en mano sobre la humanidad de la joven.
 
 
     Sólo la luna, los insectos y la noche fueron testigos del encuentro de aquellos mundos. Una reunión mortal para la inocencia, una injusticia humana secundada por la burocracia, como no podía ser de otra forma: aquellos mismos policías que se negaron a buscar a Luz Adriana, apremiaron a los desdichados padres para que firmaran las actas de levantamiento del cadáver, necropsia y defunción, cuando este fue hallado. Para esto se hizo uso del rapidógrafo que su padre iba a obsequiar a la difunta. 




 

La danza de las mariposas (poema)

Autor: Luis Fernando Arredondo Gómez



          [Escrito en Itagüí el 24 de diciembre de 2000, en plena ebriedad, ante la expresión erótica de algunas muchachas con la canción "Light my fire" de los Doors, en el bar El Sombrerón. Abajo, foto de la época, junto a mi hermana Diana y bajo los efectos físico-síquicos producidos por varios ataques de magia negra dirigidos en mi contra...]





El autor junto a su hermana Diana (finales del año 2000)


 
Siéntelas aletear en el aire
Esquivas cual ángeles que huyen
Siéntelas languidecer por sus amantes

 
Míralas reír entre su viaje
Tan coloridas, tersas y predecibles
De flor en flor, exhibiendo su arco iris

 
Son voluptuosas  las más deseadas
Emanan fuerza las más buscadas
Piensan demasiado  las más escasas

 
Son mil mariposas y así se comportan
Arrogantes frente al extraño
De los cuales soy el rey.